Desarrollo Profesional Coaching

El desorden no es falta de claridad

Es señal de cambio. En los procesos de desarrollo profesional, el desorden muchas veces es la antesala de una transformación.

Por Valeria De Giorgi ·
El desorden no es falta de claridad

Hay un momento en los procesos de desarrollo profesional que casi nadie anticipa y que muchos viven con angustia: el momento del desorden. Ese período donde lo que era claro deja de serlo, donde las certezas tambalean y donde la sensación de no saber qué sigue se instala con más fuerza de lo esperado.

Lo que aprendí trabajando con líderes y profesionales en procesos de cambio es que ese desorden, lejos de ser un problema, es casi siempre una señal de que algo importante está ocurriendo.

El desorden como diagnóstico

Cuando alguien llega a una sesión diciéndome “no sé qué quiero”, “siento que estoy dando vueltas en círculos” o “antes tenía todo claro y ahora no”, mi primera reacción no es buscar la solución. Mi primera reacción es preguntar: ¿desde cuándo? ¿Qué estaba pasando en tu vida cuando esto empezó?

Casi siempre hay una respuesta. Un cambio de rol, una conversación que dejó una pregunta sin respuesta, una meta cumplida que en vez de traer satisfacción trajo vacío. El desorden no aparece de la nada. Aparece cuando algo en el sistema —la persona, el entorno, la relación entre ambos— se mueve.

Lo que el desorden no es

El desorden no es falta de capacidad. No es señal de que algo está mal en vos. No es evidencia de que elegiste mal.

Es evidencia de que estás en un proceso. Y los procesos de cambio real —el tipo de cambio que deja una huella duradera— rara vez son lineales.

La cultura organizacional y social en la que nos movemos tiene una relación complicada con la incertidumbre. Se valora la claridad, la dirección, el plan. Se desconfía del “no sé”. Pero hay momentos donde el “no sé” es la respuesta más honesta y más útil que existe.

Cómo trabajar con el desorden

Lo primero es dejar de combatirlo. Cuando la energía se destina a salir del desorden lo antes posible, se pierde la información que ese desorden contiene.

Lo segundo es hacerle preguntas. ¿Qué cosas siguen siendo importantes para vos, aunque todo lo demás sea incierto? ¿Qué estás evitando mirar? ¿Qué dejaste de hacer que antes te daba energía?

Lo tercero es tolerar la ambigüedad el tiempo suficiente para que algo nuevo emerja. Eso requiere apoyo —de un proceso de coaching, de una conversación honesta, de un espacio donde el “no sé” sea bienvenido.

La transformación que viene después

En mi experiencia, las personas que aprenden a transitar el desorden sin apagarlo prematuramente son las que llegan a definiciones más sólidas. No certezas absolutas —esas no existen— sino una claridad que viene de adentro y que aguanta el tiempo.

El desorden, bien acompañado, es la antesala de algo mejor. No siempre más cómodo, pero sí más auténtico.

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